lunes, 27 de enero de 2014

Capitulo 9

El hombre que hablaba con tanta cordialidad con Micaela aún poseía ese atractivo magnético, la cicatriz pálida en la parte izquierda de su cara sólo añadía peligro a dicha atracción, pero los ojos ya no eran cálidos ni sensuales sino mas bien fríos y que proyectaban un distanciamiento.
Por lo que Paula sabía, el no se había casado, aunque debió reconocerse que nunca se había esforzado mucho en mantenerse al corriente de su vida en los cinco años desde que se habían separado tan bruscamente.

¿Qué sentido habría tenido? Sólo habían compartido una noche de pasión inimaginable e irrepetible.

—¿Te apetece una copa?

Paula alzó unos ojos sobresaltados ante la copa que le ofrecía. Champán. Tenía que ser champán.

—Gracias —aceptó

Pedro observó cómo se ruborizaba al aceptar la copa alargada con una habilidad que impidió que los dedos entraran en contacto.

—¿También es tu primera visita a San Francisco, Paula? —preguntó con sorna.
—Sí.
—¿Te gusta la ciudad?
—Mucho
—¿Has hecho mucho turismo desde que llegaste?
—Algo, sí.

Él entrecerró los ojos ante la economía de sus respuestas.

—Quizá...
—Disculpa la interrupción, Pedro—su prima Daiana intervino al unirse a ellos—pero mi hermano Manuel está ansioso de reanudar el contacto con Micaela—añadió con indulgencia.
—¿En serio? —la más joven de las hermanas Chaves miró hacia donde se hallaba Manuel, en el otro extremo de la sala...

Paula sintió una inminente sensación de perdición si Micaela la dejaba completamente a solas con...

—No te importa, ¿verdad, Paula? —los ojos de Micaela irradiaban entusiasmo.Antes le había confesado a su hermana que, después de que le presentaran a Manuel la noche anterior, había deseado conocer mejor al hermano mayor de Daiana.

Resultaba evidente que la atracción era recíproca. ... lo que no ayudó en absoluto a Paula, ya que no deseaba quedarse con Pedro

—Te aseguro Micaela que tu hermana estará perfectamente a salvo conmigo —expuso él con tono risueño antes de que Paula tuviera ocasión de intervenir.

Esta lo miró, seguía sin tener idea de si él recordaba la noche que habían pasado hacía cinco años... y tampoco quería saberlo.
Ya era suficientemente malo que ella lo recordara.En ese momento Micaela le apretó el brazo.

—Gracias, Paula—susurró antes de irse con Daiana hacía donde las esperaba el atractivo Manuel.

El súbito silencio que las dos dejaron pareció ensordecer a Paula.
En la sala había por los menos unos cien de los invitados que asistirían al día siguiente a la boda, todos charlando o riendo mientras renovaban viejas amistades o establecían nuevas.

—Hay... una zona más tranquila para sentarse junto a esta sala donde podríamos charlar —soltó él de golpe.

Lo miró con ojos aprensivos y se humedeció unos labios súbitamente resecos.

—Me siento perfectamente cómoda aquí, gracias.

Sus ojos se volvieron aún más fríos mientras cerraba la mano en torno al brazo de ella.

—Era una declaración de intenciones Paula, no una pregunta —le aseguró con tono sombrío mientras la guiaba hacia la salida.
—Pero...
—¿De verdad quieres mantener esta conversación aquí delante de los invitados de Daiana y Brian? —inquirió con aspereza al detenerse en el centro de la sala atestada a mirarla con parpados entornados.

Paula tragó saliva al percibir con claridad la furia que ardía en es mirada oscura.

—No tengo ni idea a que conversación te refieres...
—Oh creo que si —replico con voz amenazadora.


Ella también lo creía aunque deseaba lo contrario. Pero el comportamiento de Pedro desde que se quedaron a solas señalaba que si la recordaba...

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